Reseña de Un mundo para Julius

Por Belén Valiente:

El nombre de Alfredo Bryce Echenique me sonaba de oídas, pero no sabía de dónde era ni qué tipo de literatura hacía. Todo era nuevo y estaba dispuesta a descubrirlo en esta obra que escogimos para septiembre, aunque me desconcertaran un poco las más de seiscientas páginas y ese título un tanto cursi. 

Estamos en Perú, en la ciudad de Lima, y arrancamos la historia con la muerte del cabeza de familia, don Santiago, que deja una viuda joven y cuatro huérfanos en muy buena situación, casi mejor de la que gozaban cuando él estaba con vida. El hijo más pequeño, Julius, comienza a observar a partir de este momento crucial cómo funciona su familia y cuál es su papel en ella, con la ventaja de saberse invisible, y no solo de forma metafórica. 

El autor nos introduce en la alta sociedad limeña de los años 50 y nos muestra sus desventuras, preocupaciones y rutinas: los ricos también lloran. Julius es un niño sensible y reflexivo que analiza el comportamiento de la servidumbre, de su niñera, de sus hermanos y de su querida madre: Susan, linda, una aristócrata inglesa lánguida y despreocupada que no logra desempañar el papel de madre cuidando de sus hijos, porque ni siquiera sabe cuidarse a sí misma. 

Las vivencias de Julius en el colegio católico del Inmaculado Corazón (el mismo en el que estudió el propio Alfredo), compartidas con las monjitas y sus compañeros de fino abolengo, y las relaciones entre sus mayores en la esfera de los negocios y de las frivolidades con familias de bien, nos devuelven una nítida estampa de ese otro mundo que muchos desconocemos. Partiendo de esta fotografía, Julius mira también al otro lado o, mejor dicho, hacia abajo, y nos muestra en contraste otra imagen: la de la situación precaria en la que viven esos pobres a los que intenta ayudar su mami Susan, en un intento de paliar su aburrimiento, y en el trato a los criados de su propia casa, meros instrumentos de los caprichos de sus amos.

El dominio del lenguaje, su aguda ironía y el retrato certero de la época compensan, a ratos, el excesivo detalle, las escenas una y otra vez repetidas y la larga extensión de la obra. 

Alfredo Bryce Echenique murió en marzo de este año 2026, y con él se fue la última figura del movimiento del boom latinoamericano.

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