Reseña de Una escalera hacia el cielo
Por Miguel Ángel Brito:
A John Boyne, el autor de Una escalera hacia el cielo, lo conocerás seguramente por El niño con el pijama de rayas (o por el libro, o por la película) donde se contrasta la inocencia del niño protagonista con el mal más absoluto: su padre dirige y es responsable de la muerte de miles de judíos en el campo de concentración donde viven. Sin embargo, en Una escalera hacia el cielo, John Boyne cambia totalmente de registro creando un protagonista que podríamos tildar directamente como perverso.
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| John Boyne (imagen extraída de google images) |
Una escalera hacia el cielo es metaliteratura. Al leerlo te darás cuenta de que son varias historias en una, que viene a ser, en resumen, una crítica cínica y feroz del mundo editorial, del ego de los escritores, de las idas y venidas del éxito, de la búsqueda de la fama a toda costa (literal) y de la hipocresía que rodea al mundo literario, tanto por parte de los escritores como de críticos literarios y lectores (que en muchos casos no juzgan al escritor objetivamente por cómo escribe, sino por quién es). Ya lo sabes: los seres humanos somos mucho de etiquetar.
El estilo es ágil con tintes de humor negro. Diálogos a menudo sarcásticos y con una prosa que fluye tan bien que apenas te das cuenta de que llevas cincuenta páginas leídas y se te ha pasado el arroz que tenías al fuego. Boyne logra mantener la tensión en todo momento y yo me pregunté en alguna ocasión: ¿cómo soy capaz de seguir leyendo el relato despiadado de un personaje como este? He leído en algunas críticas que hay un paralelismo entre el protagonista Maurice Swift y Mr. Ripley (el personaje de El talento de Mr. Ripley de Patricia Highsmith) y es verdad que hay similitudes en ambos personajes si lo piensas: dos personajes igualmente sociópatas (o psicópatas, más bien), que se valen de su atractivo como arma para seducir y manipular. Mientras Mr. Ripley roba identidades para ascender en su particular escalera, Maurice roba historias para lograr el mismo fin: ascender en el mundo literario pisando escalones, las vidas de las personas que conquista.
El libro nos lleva por distintos escenarios (Londres, Berlín, la costa Amalfitana) y también por distintas épocas, pero lo más llamativo es la estructura narrativa, que no es casual. El autor parece querernos mostrar al protagonista desde distintos ángulos. Para ello se vale del recurso de cambiarnos el narrador varias veces en la novela. En la primera parte (Antes de la caida del muro) empieza en primera persona, siendo el narrador Erich Ackermann, un premiado y respetado escritor en la madurez. Luego pasamos a un narrador en segunda persona en El miembro de la tribu, la segunda parte, donde su esposa Edith habla a su marido Maurice desde algún lugar (y no cuento más para no hacer spoiler: brillante), para luego cerrar con la última parte, Historias de otros, donde un narrador omnisciente nos acompaña por fin al interior de la mente de Maurice para terminarlo de conocer en lo más íntimo y juzgarlo como lectores. El libro acaba en sentencia y tú, como lector, debes juzgarlo también, a él y a ti, como cómplice de este acompañamiento en la lectura.

Muy buena esta reseña, Miguel. Sobre todo el análisis de los narradores que se ve clarísimo con lo que explicas. Gracias.
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